Fue el "Barón de la droga" más grande de EEUU: ahora revela quiénes eran sus clientes y socios del poder - Mitamborildigital

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viernes, 7 de septiembre de 2018

Fue el "Barón de la droga" más grande de EEUU: ahora revela quiénes eran sus clientes y socios del poder

El avión se cae en Panamá. Se rompen los dos alternadores y no podíamos sacar la gasolina que teníamos en una valija dentro del avión hacia las alas y caímos en Panamá. Y cuando caí en Panamá, mirando atrás, el jefe de los pilotos me dice: "Vamos a volar el avión. Usemos la pistola que tenemos de primeros auxilios, y con toda esa gasolina que hay en el avión, lo volamos". Y yo pensaba "no, que me importa a mí, nosotros estamos cerca de la frontera con Costa Rica, yo hago una llamada y ahí tenemos conexiones muy grandes; la pasamos, yo no me voy a perder esto". 


Estamos hablando en ese tiempo eran 10-12 millones de dólares. Y me dice "está bien, lo que tú digas". Entonces viene un policía… si tú ves en el libro, la foto del avión, el avión quedó clavado… nosotros pensamos, a tres mil pies fuimos para abajo.



-¿Salieron ilesos?



-Cuando aterricemos yo pensé que me había muerto. No sabía si eso era el infierno, el cielo, o dónde estábamos. Después me di cuenta que no, que no había pasado nada. Salto del avión. Viene el jefe de policía de ese pequeño pueblo de Panamá, y le digo: "Mira, nosotros somos ganaderos, estábamos viendo una finca, tuvimos un accidente. Mientras esperamos que arreglen el avión, ¿tú me puedes llevar a un hotel?". Y me dice "si, con mucho gusto". Y le digo: "Mira, aquí tengo los pasaportes, ¿me los puedes sellar, como que llegamos?". Bruto yo, y absurdo. No tuve en cuenta que tenía que mandarlos a Panamá. 



Cuando mandó mi nombre a Panamá, ahí salió que yo era buscado, estaba identificado como un narcotraficante muy grande. El DEA inmediatamente le dijo "deténlos". Vinieron a Panamá… yo ya sabía que había un problema. 



Nos arrestan. Y yo digo "no importa". Como yo estaba acostumbrado a comprar a todos en los países de América Latina les dije a los pilotos que no se preocuparan "de aquí salimos pronto". Me mandan al fiscal general de la nación, y cuando viene el fiscal general de la nación, yo le digo: "Mira, no vamos a hablar bobadas. 



No me preguntes qué estamos bajando, simplemente necesito dos números: cuánto me cuesta salir de acá y cuánto me cuesta comprar la cocaína. Él me mira, se ríe, y me dice: "Mira, la cocaína Noriega ya la vendió, y cuesta 250.000 dólares para que tú salgas de acá. 150 por tí, y 50 por cada uno de los otros dos". 



Le digo: "Dame un número, y pasado mañana te tengo el dinero acá". 250.000 dólares es como decir dos millones de dólares hoy en día. Él viene al otro día y nos dice: "No te preocupes, yo ya di la orden de deportarte. Te van a llevar a la ciudad de Panamá, el DEA va a hacer que nosotros te interroguemos, mantente firme con tu historia y nosotros te deportamos a Costa Rica".                                         
-¿Recuerda el nombre de ese fiscal?



-No, el nombre no lo recuerdo. Pero su mejor amigo que nos mandó, el abogado que nos manejó todo, se llamaba Moncada Luna. Entonces yo voy y le digo a los pilotos: "Simplemente vamos así, esta es la historia, mantén esta historia, nos van a golpear un poco, pero al otro día nos vamos a Costa Rica y en Costa Rica ya nos están esperando". 



Nos llevan a una oficina en Panamá y traen a un muchachito. Estábamos nosotros sentados en una silla pegada a la pared, y traen a un muchachito que tenía la mitad de mi peso y pequeño, lo desnudan, y con un palo de escoba, se lo ponen por el ano, y le salió sangre por todos lados. Y nos mira el interrogador y nos dice: "Y esto fue por 50 libras de marihuana". 



Imagínate, lo nuestro era por 150 kilos de cocaína. Nos separan, los gringos, los pilotos americanos hablan. Dicen: "Mira, no sólo Jorge Valdés es el narcotraficante más grande de los Estados Unidos, sino que acaba de sobornar al fiscal general de la nación". 



Cuando eso pasa, a ellos lo sueltan y a mí me llevan, y al jefe de ellos, a una casa que se llamaba "La modelo", en Panamá. Y nos empezaron a torturar por 30 días. Al punto que casi nos matan. Yo por cinco años, después de eso, cada vez que iba al baño sangraba.



-¿Qué tipo de torturas recibió?



-Aparte de golpes, estuvimos desnudos en una celda donde no había agua, no había inodoro, no había nada, sino un piso de cemento. Nos esposaban en la espalda… Una que nos hicieron fue con una varilla de ganado, nos la aplicaban en los testículos. Saltabas de este tamaño, o te desmayabas, y caías. Y cuando te despertaban de nuevo te golpeaban. 



Caí inconsciente unas 20 veces. Ahí pasé 28 días en Panamá. Hasta un día que yo le digo a uno de los interrogadores: "Dile a Noriega que me mate, porque sino cuando yo salga lo voy a matar a él y a toda su familia". Yo lo que quería era que me mataran, porque la verdad yo ya no podía aguantar más los golpes. 



Y yo sabía que yo no iba a hablar. Entonces a los tres días vino Noriega, y me dijo: "Mira, el tema es que pagaste a la persona equivocada, y no me eches la culpa a mí, échasela a los pilotos que hablaron. 200.000 dólares más, 100 por cada uno de ustedes, y yo te suelto". 



Entonces de nuevo mandé a buscar el dinero, nos soltó, nos llevó al aeropuerto de Panamá… Lo que no nos dijo es que tenía a la Interpol esperándonos para mandarnos a Estados Unidos. Nosotros que pensábamos que nos íbamos a Costa Rica, de pronto vienen 30 agentes de la Interpol, nos tratan como un saco de papas y nos tiran al avión, y nos mandan para Miami. 



Llego a Miami donde me encausan como el narcotraficante más grande de la historia de los Estados Unidos de ese tiempo, me dan la fianza más alta de la historia. Una fianza normal en Estados Unidos eran 50.000 dólares, a mí me dieron 7 millones de dólares. A día de hoy, unos 100 millones. Yo tenía 23 años. Acababa de cumplirlos hacía un mes.                         



-¿Cuánto tiempo estuvo detenido a partir de ese momento?



-Estuve detenido… Fui a juicio, me echaron 15 años de condena, pero como en ese tiempo la ley era de que si tú nunca habías cometido un crimen… Yo no tenía ni una infracción de tráfico. Cumplías una tercera parte de tu tiempo, y las otras dos terceras partes las haces bajo palabra. Cumplí esa vez cinco años y seis meses, casi siete meses en total. En la prisión la pasé divino.   



-¿Ya en ese tiempo era considerado el narcotraficante más grande de la historia de Estados Unidos?



-Sí, lo que fue finales del 76, hasta el 79.



-¿Y a todo esto usted tenía contacto con su familia o la actividad del narcotráfico los separó? ¿Cómo se dio la relación?



-Nunca nos separó porque nosotros éramos una familia muy unida. Lo que sí, le causó mucho daño a mi madre. Para ella, en su imagen, yo estaba cometiendo los peores crímenes… No era para lo que ella había sacrificado tanto para traernos a Estados Unidos, darnos una educación… Ella no veía la razón por la cual yo escogí ese camino sabiendo que tenía muchas otras oportunidades. Pero, sin embargo, nunca dejó de hacerme saber de que era mi madre, y que yo tenía mi casa. 



Lo que nunca aceptaron fue un centavo de mí. Mi padre y mi madre murieron en la misma casa que compraron con su labor, una casa pequeña de 30.000 dólares, que vale hoy en día 70-80 mil dólares, cuando yo tenía mansiones de 2, 3, 4 millones. Yo tenía novias viviendo en mansiones de millones. Pero sin embargo ellos: "Tú eres nuestro hijo, pero todo eso que estás haciendo no es lo que nos agrada". Y nunca trazaron esa línea. 



Jorge Luis Valdés llegó a ser el mayor narcotraficante en EEUU
"Hoy cambia mi vida"



Pese a esta vida llena de lujos, poder y excentricidades, hubo un momento que llevó a Valdés a decir "basta", "nunca más". "El sentido de suciedad tan grande que tenía…", reconoció. Una sensación que no sintió siquiera cuando se enfrentaba con los peores dictadores de la época, o con los capos de la mafia italiana. La responsable fue Krystle, su hija. A partir de ahí comenzó una vida de cambios. Se desligó de la actividad del narco y se apegó a la religión. Después de lo vivido, Dios pasó a ser el eje central de su vida.



 –¿Hoy en día no hay personas o grupos que lo busquen para volver a involucrarlo en este negocio? ¿Cómo logró despegarse?



-Yo tenía un amigo cubano que se había ido del negocio de la marihuana. Era de la vieja guardia. El narcotráfico que empieza en Miami surge con la marihuana de aquellos jóvenes que querían invadir a Cuba con la Bahía de Cochinos, y se volvieron narcotraficantes. Entonces yo hablaba con él y le decía: "¿Cómo tú te quitaste?". Y él me dice: "Jorge, ¿tú sabes qué? Es como estar en estado de encinta. O estás encinta o no estás encinta.  Si te quitas, te tienes que quitar radicalmente". 



Él luego se mudó de Miami, y eso siempre me quedó en mi mente. Y a través de una serie de eventos donde… Por ejemplo, el primero grande… Yo tenía que ir a California, como iba todos los meses, y ese día llego a mi avión con mi guardaespaldas Erik, y yo me había levantado perfecto. Antes de montarme al avión me empiezan a dar vómitos y diarrea. 



Me meto como media hora en el baño del aeropuerto, hasta que llego y le digo: "Mira Erik, vete tú. Yo no puedo ir porque en el vuelo me voy a morir, y yo voy la semana que viene. Trae el dinero que hay allá". Y él se va y lo matan. Estaban esperando para matarme a mí, y lo matan a él. Y en la funeraria… yo había bautizado a su hijita. Su hijita me mira y me dice: "Padrino, mi papi se fue con Jesucristo. Y fue la primera vez, desde los diez años de edad, cuando yo salí de Cuba que fue la última vez que yo lloré en ese aeropuerto, que una lágrima cayó de mis ojos. 



Y yo me decía: "Primero, si Dios existe, Erik no está con Dios. Pero más importante, ¿cuándo mijita le va a decir eso a alguien, y más nunca va a ver a su padre?". Y como a los tres meses de eso, mi ex esposa… yo tenía a mis hijas por dos semanas, y ella dos semanas. 



Yo se la acababa de entregar dos días antes. Yo estaba en mi finca, enfiestando con unas artistas de Hollywood, y a las 12 de la noche me dice el jefe de seguridad: "No puede creer esto. Tu ex esposa acaba de dejar a tu hija en la portada". "¿En la portada? ¿Está loca?". Yo la entro. En ese tiempo la casa mía, en mi finca, medía 2.000 metros cuadrados. Yo la entro, y llamo a una de las sirvientas, y le digo: "Mira, llévala para su habitación. Y asegúrate que no salga de ahí. Ponla a dormir". 




Como a las tres horas, no sé lo que pasa, ni cómo, yo hubiera entregado un millón de dólares si alguien podía acercarse a diez metros de la puerta de mi dormitorio. 



Y empezó a tocarme: "Papi, soy Krystle". Y fue la primera vez en mi vida que me dio una suciedad tan grande en mi corazón, porque yo veía a esta niña, que era lo único que quedaba en mi vida puro, llorando por su papi y yo no pudiendo abrirle la puerta porque la iba a contaminar. Saqué a las mujeres, las mandé fuera de mi habitación, por la ventana y me metí en la ducha y no podía lavarme. El sentido de suciedad tan grande que tenía. 



Porque yo veía mi vida y decía: "No lo puedo creer. Al punto que yo he llegado en mi vida". Un muchacho que viene de buena familia, de buenos padres, una gran educación, y mira en lo que he caído. Pasaron como dos horas, y cuando salí a buscar agua, abro la habitación y ella estaba llorando en el piso. Y ese día dije "hoy cambia mi vida".



-¿Esto en qué año fue?



-En el año 87.



 Las consecuencias del mal que yo hice, claro que las sufro y las sigo sufriendo, y es necesario sufrirlas



-¿A partir de eso cambió su vida?



-Yo no sabía cómo iba a cambiar mi vida. Lo único que sabía es que si estaba yendo hacia el norte, ahora iba a ir hacia el sur. Lo primero que hago es llamar a mi madre para dejarle saber que mi vida iba a ser diferente. Y yo me acuerdo oir a mi madre decirle a mi padre: "Dios escuchó mis oraciones". Y yo decía: "¿Dios? ¿Qué Dios, si no existe?". 



Llamé a Manuel Garcés, que era el jefe de nosotros, y le digo "ya, no doy más". Y yo pensé que, no él, pero quizás otros vinieran y me quisieran matar. Porque el pensar es que el muerto no habla, y como ya no tiene control de mí… Pero cuando yo me quito, me quito radicalmente. Y me mudé de Miami para mi finca, y no salí de ahí en tres años.



-Para terminar, mirando para atrás, ¿hay algo de lo que se arrepienta?



-Lo que más alegría me dio hacer este libro fue de que me dio la oportunidad de reflexionar en mi mundo 40 años atrás. Yo tengo 62 años, esto pasó cuando yo tenía 22-23 años. Esta es una pregunta que me hacen mucho: "¿Si tuvieras que hacerlo de nuevo, lo harías? ¿Te arrepientes?". 



Reflexionando sobre esa pregunta, es un tema que todos debemos reflexionar. ¿Y cuál es la reflexión? Si tu me preguntas a mí, si extrañas yendo a un club, viendo la mujer que más te gusta y decirle a tu guardaespaldas "dile a este que se vaya, que ella está conmigo, ¿qué hombre no extraña eso? Si la decisión más difícil por la mañana es ver qué carro manejar, ¿quién no extraña eso? El poder, que es la droga más adicta, claro que lo extraño. Lo que no extraño son las consecuencias que todo eso trae. En la vida es imposible decir que hubiéramos hecho si no tomábamos esa decisión. 



Yo no quiero ver cómo sufrieron mis padres, mis hijos que vieron a su padre pasar 11 años preso, las torturas, todo… Claro que no quiero haber pasado eso. Pero si eso no pasa, ¿tuviera la esposa que tengo ahora, que adoro, de 24 años? Los hijos que tengo ahora; las millones de personas que fueron ayudadas con mi primer libro que saqué en el año 1998. 



Entonces qué es lo que yo digo en la vida. En la vida no podemos arrepentirnos ni celebrar decisiones. La vida es un camino, y cuando vemos que ese camino no es el que a tí te han enseñado, no es el camino que tú tiene que tomar, pues tú paras. Las consecuencias del mal que yo hice, claro que las sufro y las sigo sufriendo, y es necesario sufrirlas. Porque sería muy  injusto cometer los crímenes que yo cometí, me arrepentí, pagué once años de cárcel, y ya todo está bien. 



Yo entregué todo lo que tenía al Gobierno: más de 60 millones de dólares. Salí sin un centavo. Cambié mi vida en el sentido de que saqué un doctorado en Biblia, después cree una empresa, la hicimos multimillonaria legal. Entonces, ¿cuál es el mensaje? Arrepentirnos, nos podemos arrepentir, podemos vivir una vida arrepentida. Pero lo importante es que cuando seguimos un camino lo que nos encontramos es una pared, es mejor echarse atrás y no seguir dándose contra la pared. 



Aprender, y sobre todo una persona como yo creyente, creer en una cosa muy grande que es Dios. Y que Dios, de todos los males del mundo, va a sacar un bien. Vivo consciente de las consecuencias. Sé lo que es recibir una llamada en medio de la noche de que tu hijo se murió de una sobredosis de droga; sé lo que es recibir una llamada para decirte que a una hija tuya te la violan, y tú tener el poder de matar a esa persona y no hacerlo, porque "ahora eres cristiano"; y muchas cosas. 



Pero al mismo tiempo le agradezco a Dios de que cuando vi que iba por un camino malo, cambié mi vida, me dio una oportunidad, sufrí 11 años de cárcel, sufrí muchas cosas, pero me dio la oportunidad de reinventarme.



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